Order Automatica es un juego que se cuece a fuego lento. En este roguelite de construcción de mazos, encontrar tu estilo de juego lleva tiempo, las batallas exigen una planificación cuidadosa y los desbloqueos se suceden sin parar, sumando cada vez más estrategia y táctica. En un género que a menudo te empuja a ir deprisa, se agradece poder bajar el ritmo.

Adéntrate en la mazmorra
En Order Automatica las batallas se libran en dos tableros de 3x3, uno para ti y otro para tu oponente. Cada casilla lleva un número del uno al nueve, lo que dicta el orden de las acciones en el tablero. Coloca bien a tus guerreros para que tu personaje más débil no caiga a la primera de cambio por toparse con un enemigo demasiado fuerte.

A medida que avanzas, las casillas empiezan a ofrecer mejoras o penalizaciones, mientras que algunas incluso dejan a tus soldados inmovilizados, lo que te obligará a cambiar de estrategia o asumir algún que otro sacrificio.
Fusiona y vencerás
La mecánica para crear mazos es muy sencilla: compras personajes de la selección aleatoria de la tienda antes de cada ronda y combinas tres iguales para conseguir una versión mejorada. La cosa se pone aún más interesante cuando empiezas a fijarte en cómo se fusionan los personajes.

Mientras juegas, de repente te das cuenta de que el gato que has colocado en el tablero puede activar un objeto que lleva un personaje en la casilla de al lado, y la mujer que está junto al gato reactiva la habilidad de este cuando la derrotan. Luego descubres que ese objeto otorga +1 de ataque a todos los de su columna al empezar la ronda y entonces acabas consiguiendo +3 de ataque para todo el equipo. Así que, oye, igual te conviene derrotar a la mujer cuanto antes… Y, claro, también hay un objeto para eso. Cuanto más te metes en la partida, más ideas de este tipo se te encienden en la cabeza y más afinas la estrategia para la siguiente ronda.
El lado oscuro del mazo
Order Automatica tiene un rollo muy oscuro. El estilo artístico tenebroso, los personajes ocultistas y esa música inquietante te meten de lleno en esa atmósfera siniestra. Lo mismo ocurre con los fragmentos de historia que vas desbloqueando al superar cada ronda. Ir leyendo el diario de un erudito que pasa gradualmente de la curiosidad a la preocupación y, finalmente, pierde la cabeza (solo un par de frases cada vez) engancha que no veas.
Todo esto casa a la perfección con el ritmo del juego, que te atrapa y no te suelta hasta que rematas otro nivel. Y, entonces, premio: nueva unidad y nuevo objeto para seguir trasteando.
